Etxegoien eta Agirre

Feminismo, responsabilidad y las víctimas en el centro

Mari Jose Etxegoien Arzuaga e Itxaso Agirre Loiarte,  Burukides del GBB de EAJ-PNV

En las últimas semanas se han suscitado en Errenteria y en el País Vasco diversos debates en torno a la violencia machista. En estos debates, sin embargo, algunas acusan a EAJ-PNV de «instrumentalización», «connivencia con la ola reaccionaria», «mentir» o «robar las palabras de las feministas».

Estas acusaciones, por graves que sean, no se han basado en hechos concretos. No se ha explicado qué mentiras se han dicho, quién las ha dicho o qué conductas justifican la denuncia de la instrumentalización. En su lugar se ha presentado como verdad indiscutible la discrepancia política y la valoración ideológica.

Ahí es donde encontramos una tendencia preocupante. En lugar de debatir las diferencias políticas, se opta por deslegitimarlas. Cuando alguien expresa una visión distinta, rápidamente se le sitúa dentro de la denominada “ola reaccionaria”, se le presenta como representante del patriarcado o como alguien carente de compromiso feminista.

Pero el feminismo no es un pensamiento único. Dentro del feminismo conviven sensibilidades y corrientes diversas.

En la propia historia del movimiento feminista se puede observar que en muchas ocasiones las feministas han tenido lecturas y estrategias diferentes. La discrepancia es una expresión de la democracia y de la vitalidad de un movimiento social y discrepar no equivale a estar en contra de la igualdad.

El feminismo ha reivindicado durante muchos años que la violencia contra las mujeres no es un problema privado. Nos ha demostrado que es un problema social y político. Pero esta idea tiene una consecuencia clara: si se trata de un problema público, las instituciones no pueden mirar hacia otro lado o, peor aún, ocultar lo sucedido. Al contrario, deben actuar con responsabilidad y adoptar las medidas necesarias, tal y como el propio feminismo ha exigido durante años a las instituciones en términos de implicación, transparencia y rendición de cuentas.

En el caso de Xenpelar Bertso Eskola, una vez conocidos los hechos, EAJ-PNV decidió trasladar el asunto a la Fiscalía y al Ararteko, utilizando los mismos términos que habían empleado tanto Bertsozale Elkartea y el Movimiento Feminista en su declaración de prensa, con el fin de esclarecer lo ocurrido y analizar la actuación de las instituciones implicadas. Eso no es instrumentalizar; es cumplir con la función que corresponde a la oposición en una democracia.

Es más, el propio feminismo nos ha demostrado que muchas veces la cultura del silencio forma parte del problema. El silencio, en demasiadas ocasiones, no protege a las mujeres y a las víctimas; protege a los agresores y a las redes de protección que les rodean. Por ello, es imprescindible escuchar la voz de las víctimas, tomar en serio sus experiencias y no normalizar el silencio ante lo sucedido.

Pero esto también exige formular preguntas incómodas: si durante todos estos años se ha protegido adecuadamente a las mujeres y menores; si las instituciones han cumplido con sus responsabilidades; y qué debemos hacer para evitar que situaciones similares vuelvan a producirse en el futuro. Por eso, hacer preguntas y exigir explicaciones no constituye un ataque; es una forma de situar en el centro a las mujeres, a las víctimas y a sus derechos.

Pero también hay otras preguntas que no se pueden evitar en este debate.

¿Puede una sociedad aceptar la existencia de un sistema paralelo en el que determinadas personas decidan qué está bien y qué está mal, qué es grave y qué no lo es, cuáles son las medidas de protección adecuadas y cuáles no, o cuándo deben darse explicaciones y cuándo no? Desde nuestro punto de vista, en una sociedad democrática no podemos aceptar que la responsabilidad de las personas o de las instituciones se mida en función de su proximidad ideológica. Frente a la violencia contra las mujeres, los criterios deben ser siempre los mismos, independientemente de quién sea el agresor o del entorno al que pertenezca.

La propia Bertsozale Elkartea ha reconocido públicamente la existencia de situaciones prolongadas durante años, sistemáticamente, al menos entre 2018 y 2024, y la existencia de la persona o personas que apoyaron o cubrieron la conducta del agresor. Si esto es así, respetando siempre las decisiones adoptadas por la Fiscalía y los tribunales, dichas resoluciones podrán poner fin a una posible vía penal, pero no deberían impedir una reflexión profunda sobre lo sucedido, el análisis de la actuación de las instituciones y la identificación de medidas que eviten que situaciones similares vuelvan a repetirse en el futuro.

Por ello, en este contexto, cabe preguntarse qué mensaje estamos trasladando a las mujeres. ¿Es realmente ese el mensaje que queremos proyectar como sociedad? Porque existe el riesgo de acabar convenciendo a todo el mundo de que aquí no ha pasado nada. Y eso no sería justo ni con las víctimas ni con todas las niñas y jóvenes que merecen una mayor protección en el futuro.

Esta es, en definitiva, una de las enseñanzas más valiosas del feminismo: que quien ostenta poder también debe rendir cuentas, y que las personas, especialmente aquellas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, deben estar siempre en el centro. Y en este caso, esa responsabilidad corresponde tanto a Bertsozale Elkartea como al gobierno municipal liderado por EH Bildu.

Por eso creemos que no contribuye a mejorar este debate que, en nombre del feminismo, unas se dediquen a juzgar a otras, o a decidir quién es más feminista y quién lo es menos. El compromiso por la igualdad no es patrimonio de nadie, no es monopolio de determinadas siglas ni otorga a nadie el derecho de evaluar el compromiso de los y las demás.

En EAJ-PNV tenemos claro cuál es nuestro compromiso: tolerancia cero frente a la violencia contra las mujeres, protección de las víctimas, promoción de la igualdad y exigencia de responsabilidades tanto a los agresores como a las instituciones ante lo sucedido. Seguiremos trabajando en esa dirección con firmeza y respeto, en favor de una sociedad libre de violencia machista y basada en la igualdad. Del mismo modo, esperamos que el resto de agentes también se sumen a este compromiso.

 

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