LA REPRESIÓN Y LOS FUSILAMIENTOS DE HERNANI

Arantzazu Rojo. Representante Asamblea Nacional de EAJ-PNV

La tragedia vivida en Hernani durante el otoño de 1936

Durante el otoño de 1936, el cementerio de Hernani se convirtió en uno de los principales escenarios de la represión franquista en Euskadi por ser el destino final de centenares de hombres y mujeres detenidos en distintos puntos de Gipuzkoa.

La caída de Gipuzkoa en manos de las fuerzas sublevadas abrió una etapa de intensa represión política. Una vez ocupada Donostia y la mayor parte del territorio guipuzcoano en septiembre de 1936, las nuevas autoridades militares pusieron en marcha una política sistemática de detenciones, encarcelamientos y ejecuciones dirigida contra las personas consideradas desafectas al nuevo régimen.

Lo sucedido en Hernani no fue un hecho aislado. Formó parte de una dinámica represiva mucho más amplia desarrollada en Euskadi durante la Guerra Civil. Sin embargo, presenta características que lo convierten en un caso singular: la concentración de ejecuciones en un único lugar y el fusilamiento de varios sacerdotes nacionalistas vascos, entre ellos José de Ariztimuño Olaso «Aitzol».

Hernani se convirtió en una pieza esencial y en un escenario siniestro del sistema represivo implantado en Gipuzkoa. Los detenidos eran trasladados principalmente desde la prisión de Ondarreta. Muchos habían sido arrestados por su militancia política, por su actividad sindical o simplemente por denuncias y acusaciones formuladas en un contexto de miedo, revancha y depuración política.

Decenas de camiones procedentes de Ondarreta llegaron durante aquellas semanas hasta las inmediaciones del cementerio. A los prisioneros se les comunicaba que quedaban en libertad. La crueldad del procedimiento aumentaba precisamente por esa mentira ya que, lejos de recuperar su libertad, eran conducidos hasta Hernani para ser ejecutados por pelotones formados por militares, falangistas y requetés.

Las investigaciones realizadas durante las últimas décadas han permitido identificar a más de un centenar de víctimas y sitúan en más de doscientas las personas ejecutadas y enterradas en Hernani durante el otoño de 1936.

“Muchos fueron enterrados en fosas comunes, sin identificación, sin ceremonia y sin posibilidad de que sus familiares pudieran despedirse de ellos” Josebe Goya (Hernaniarra,) testigo ocular.

La represión contra el nacionalismo vasco

Uno de los aspectos más significativos de la represión franquista en Gipuzkoa fue precisamente su marcado componente antinacionalista.

Entre las víctimas hubo militantes de izquierda, pero también una presencia destacada de afiliados o simpatizantes del Partido Nacionalista Vasco (PNV), miembros de Solidaridad de Trabajadores Vascos (STV), sacerdotes comprometidos con la cultura vasca y mujeres vinculadas al movimiento nacionalista.

El informe “Euzkadi bajo el régimen de Franco. La represión en Gipuzkoa”, elaborado en 1939, ya destacaba el elevado número de nacionalistas vascos entre las víctimas.

La documentación recuperada posteriormente ha confirmado esa realidad. Entre los fusilados en Hernani aparecen alcaldes, concejales, responsables sindicales, dirigentes locales pero también militantes de base e incluso empresarios comprometidos con la causa nacionalista.

Personas como Gabino Alustiza Echeverría, alcalde de Aia por el PNV, Víctoriano Aguizu Izurrategui, presidente del batzoki de Aretxabaleta, Manuel Garbizu Echeverría, presidente del batzoki de Pasai Antxo, Raimundo Galdós Azkarretazabal, presidente de STV en Mondragón, Miguel y Venancio Gastañares, destacados nacionalistas y sindicalistas arrasatearras,  León Beitia, de Leintz Gatzaga, Ángel Belaustegi, hijo del secretario municipal de Urretxu, Juan Bengoa Agiriano, afiliado en Arrasate al PNV y STV, Angel Tormes de Hernani, Cosme Yague y Bautista Aginaga de Usurbil, Rafael Barkaiztegi y su hijo del mismo nombre,   Juan Jose Izeta  concejal de Urnieta y  Jose Añorga de Lasarte-Oria,   o Raimundo Gamboa Aurrekoetxea , una de las personas capturadas en el barco  Galerna que viajaba junto a  Aitzol  y que fue fusilado la noche del 18 al 19 de octubre.

Por supuesto fueron muchos más, las propias autoridades franquistas reconocieron años después la magnitud de lo ocurrido. En un informe de la Guardia Civil fechado en 1958 se hacía constar que en el cementerio de Hernani se encontraba enterrado Gabino Alustiza junto a varios sacerdotes vascos y “aproximadamente” otras 190 personas más.

La mayoría de ellos nunca ocupó puestos destacados más allá del ámbito local ni   habían desarrollado una actividad armada relevante. Su principal delito fue formar parte de una red política, social y cultural vinculada al nacionalismo democrático vasco de preguerra.

Las mujeres también fueron represaliadas y fusiladas

La represión también alcanzó a mujeres cuya historia ha permanecido en un discreto segundo plano.

La historiografía tradicional centró su atención en los líderes políticos, los sacerdotes o los militantes varones. Sin embargo, la investigación y la revisión sobre los hechos han permitido recuperar también historias de mujeres de enorme impacto humano.

Historias como la de Felisa Goñi Biurrun, maestra de Hernani, asesinada tras la ocupación franquista y cuyo cuerpo desapareció entre Tolosa y Berastegi. O la de Carmen Aramburu Oyarzábal, vecina de Hernani, fusilada en enero de 1937 y la de Emeteria Casimira Aramburuzabala, detenida cuando regresaba de hacer unas compras y ejecutada pese a no conocérsele actividad política. Dominica Artola Echeverría, fue asesinada por ser madre de un militante comunista y Nieves Urra Ochoa de Alda, fue acusada de auxiliar a heridos y ejecutada sin juicio. Además de todas ellas y de muchas más, hay un caso que resulta especialmente sobrecogedor y es el de María Bengoa Elorza, natural de Arrasate y militante de Emakume Abertzale Batza. Maria -Mari- no era dirigente política ni responsable militar. Era una joven comprometida con las ideas del nacionalismo vasco a través de una organización que desarrollaba actividades culturales, sociales y asistenciales, además de impulsar la participación de las mujeres en la vida pública.

Maria era menor de edad, tenía únicamente diecisiete años cuando fue fusilada en Hernani. Su asesinato constituye uno de los episodios más estremecedores de la represión en Gipuzkoa. La ejecución de una joven de tan corta edad ilustra hasta qué punto la violencia desplegada durante aquellos meses alcanzó también a quienes apenas comenzaban su vida adulta, simboliza el alcance indiscriminado de la represión y pone de manifiesto que la violencia franquista no se dirigió únicamente contra combatientes o dirigentes políticos sino que también golpeó a jóvenes militantes, maestras, madres y trabajadoras cuya memoria es necesario rescatar.

Los sacerdotes fusilados. La contradicción de la “cruzada”

Junto a la persecución contra militantes nacionalistas y de izquierdas y numerosas mujeres, la represión desarrollada en Hernani adquirió una dimensión singular también por otro motivo: la ejecución de sacerdotes profundamente vinculados a la cultura vasca.

Hernani se convirtió en el principal escenario de la represión contra el clero vasco. El estudio histórico sobre los fusilamientos de la localidad señala que fueron ocho los religiosos ejecutados allí, convirtiendo a Hernani en el lugar donde más sacerdotes fueron asesinados por los franquistas en Euskadi.

La figura más conocida es, sin duda, José Ariztimuño Olaso «Aitzol». Sacerdote, escritor, periodista e impulsor fundamental del renacimiento cultural vasco, Aitzol simbolizaba la unión entre fe católica, compromiso social y defensa del euskera. Capturado tras la interceptación del barco Galerna el 15 de octubre de 1936, fue encarcelado en Ondarreta y fusilado en Hernani pocos días después.

Jose Ariztimuño no fue el único sacerdote ejecutado en el otoño de 1936, Martín Lecuona, Gervasio Albisu, José Adarraga, Alejandro Mendikute, José Otaño, José Ignacio Peñagaricano y Celestino Onaindia fueron los otros siete sacerdotes ejecutados en Hernani.

La sublevación militar que se presentó ante el mundo como una cruzada religiosa destinada a salvar la civilización cristiana, no tuvo demasiados reparos en fusilar sacerdotes profundamente católicos cuyo único pecado era su compromiso con el nacionalismo vasco y/o con la cultura de su pueblo.

Memoria, dignidad y reconocimiento

Durante décadas muchas familias apenas pudieron hablar de lo sucedido. En numerosos casos ni siquiera conocían con certeza el lugar donde descansaban los restos de sus seres queridos. La memoria permaneció refugiada en el ámbito familiar, transmitida de generación en generación en voz baja y con una prudencia infinita que tenía su raíz en el miedo a más represalias.

La muerte del dictador en 1975, abrió la posibilidad de iniciar el proceso de dignificación de las víctimas. El primer gran homenaje público llegó en 1977. Se construyó la cripta del cementerio y comenzaron nuevas investigaciones destinadas a identificar a quienes habían sido fusilados. Gracias a todo ese trabajo, hemos conocido sus nombres y se han podido reconstruir sus historias.

Hoy, 90 años después de aquellos sucesos, sabemos que entre aquellos fusilados había sacerdotes, obreros, hombres de negocios, comerciantes, alcaldes, sindicalistas, maestras, madres de familia y jóvenes como María Bengoa Elorza.

Hernani, fue un lugar convertido en escenario de muerte. Por eso hoy resulta imprescindible recordar a aquellas personas que fueron fusiladas por sus ideas.   Resulta necesario conocer y reconocer su sacrificio, honrar su memoria y decir sus nombres en voz alta para conocer la verdad de lo que aconteció. Porque, en definitiva, sólo desde la verdad, el reconocimiento y la dignidad humana podremos construir y preservar la memoria colectiva de Euskadi.

Bibliografía:

  • Aizpuru, M.; Apaolaza, U.; Gómez, J. M. y Odriozola, J. (2007). El otoño de 1936 en Guipúzcoa. Los fusilamientos de Hernani.
  • Euzkadi bajo el régimen de Franco. Volumen II: La represión en Gipuzkoa. París 1939.
  • Sabino Arana Fundazioa. José Ariztimuño “Aitzol”, uno de los 16 curas vascos asesinados por los franquistas.
  • Zuriarrain, I.; Hernani 1936-1959- Violencia, Represión y Violación de los Derechos Humanos durante la Guerra Civil y el Primer Franquismo
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